Desde que Pseudónima decidiese visitar un sex – shop SIN MÍ , cosa por lo que casi no le guardo rencor, y se hiciese con un libro (seamos francas, porque era incapaz de comprar otra cosa), llamado “Kama-Sutra lésbico”, he andado buscando uno para mí. Faltaría más. El caso es que encontrar uno no ha sido fácil ni mucho menos, y no voy a decir la de datos que he tenido que meter en google hasta dar con uno acorde a mis exigencias. Y es que el anteriormente citado, no es que esté mal, pero trae algunos dibujitos, así como a lápiz, y poco más. Yo buscaba alguno más visual, con fotos que no fuesen tampoco de mujeres fingiendo y que aquello no se lo creyese nadie. Quería algo que al verlo, me viese reflejada. Que relatase la realidad que vivimos, nuestras prácticas y nuestros gustos, o al menos, una aproximación.
Y voila, apareció un dedo, concretamente el corazón. Claro, hubiese ayudado que el libro se llamase Kama- Sutra, en vez de “Tu dedo corazón”, porque claro a la hora de buscarlo, hubo que insistir un poco. Sin embargo no vamos a decir que no es poético el título. Al principio pensé, “perfecto, con ese título mis padres no creo que caigan en el contenido, y lo podré poner en la estantería entre el Quijote y el de Historia de España vista desde el arte”. Error. La editorial “egales” y el subtítulo, “la sexualidad lesbiana: imágenes y palabras”, eran ya demasiados datos. Por suerte para mí, lo venden en la Casa del Libro, en Madrid, y me ahorré el pasar a una librería especializada en temática homosexual, donde sabía que lo iba a encontrar de forma segura.
No llevaba demasiada idea a cómo sería el libro. Había leído algunos comentarios y tenía buena crítica. Llegué a la librería, busqué el apartado de sexología (vale, no lo busqué porque sabía donde estaba, simplemente me dirigí hacia él) y alcé la mirada hasta localizarlo. No podían haberlo puesto más alto. Tuve que buscar uno de esos mini-caballos de madera a los que te subes y en tres cómodos escalones alcanzas el cielo. Miré a mi alrededor dos veces antes de coger el libro. Bien, nadie miraba. Lo cogí, bajé rápidamente, coloqué el caballo lejos de mí, y busqué un rinconcito seguro en el cual abrir mi última presa. No sin antes mirar a ambos lados de nuevo, abrí el libro por la mitad. Vi dos cuerpos desnudos. Lo cerré. Miré de nuevo a mi alrededor. Nada, todo el mundo a su bola. Lo vuelvo a abrir. Más cuerpos desnudos. Me entra calor (remarco que debido a la vergüenza, que aquí hay mucha mente sucia), me pongo roja, morada, beige, azul… paso las hojas rápido. Lo cierro. Saco el móvil, le mando un sms a Pseudónima haciéndole constar lo que tengo entre las manos.
Ya más relajada, saco mi vena intelectual y busco el índice, para saber de qué va el asunto. Y con cara de llevar entre las manos un libro de recetas de cocina (al fin y al cabo… de comer iba la cosa) me dirijo hacia la caja. Hay cola. Abortamos plan. Me paseo por autoayuda, por historia, y por medicina. Vuelvo a la caja. Perfecto, una persona y pagando. Como si no fuese conmigo y con la portada del libro contra mi cuerpo me pongo frente a la señorita, que amable me saluda. Le doy el libro, con la portada mirando al suelo. Le da la vuelta. Me mira. Miro al horizonte. Aprieto los dientes. Debato con mi subconsciente si decirle “que es para regalo”. “Eres una pava”, concluyo. Y colorada cual pimiento pago, cojo el libro en su bolsita y huyo.
Lo malo de estas cosas es descubrir lo tonta que puedo llegar a ponerme por una chorrada. Lo bueno, es que tengo un libro más en mi colección lésbica. Vale, colección tal vez no se pueda llamar, que la forma únicamente la trilogía de Lola Vanguardia (Con Pedigree, Plumas de doble filo, La mansión de las tribadas). El pobre dedo corazón sin embargo no se lucirá en mi estantería, y ha sido guardado en un lugar de alta seguridad. Un lugar en el que ni yo miro desde hace cuatro años: la carpeta con los apuntes de primero de carrera.
Sin embargo, como sé que andáis ansiosas por saber cómo son las fotos del libro, os dejo unas instantáneas. Ahora toca práctica …
P.D. He elegido las menos explícitas y “fuertes”. Pero haceos una idea…



